jueves 22 de octubre de 2009

Un cuarto propio


Movement and change are the essence of our being; rigidity is death; conformity is death: let us say what comes into our heads, repeat ourselves, contradict ourselves, fling out the wildest nonsense, and follow the most fantastic fancies without caring what the world does or thinks or says.*



Caminar por las calles, cruzarse con la gente, ir observando sus caras, sus atuendos, unos escuchan música y caminan distraídos, otros hablan por teléfono, hay parejas cogidas de la mano y hay quienes van solos. Voy de vuelta a casa y hoy llueve en la Gran Vía, pero no llevo paraguas ni impermeable y las gotas de agua me mojan la cara, el pelo, las gafas pero es una sensación agradable cuando todavía no hace frío y el agua es templada. Debería coger un taxi pero entonces me perdería la inspiradora marea de personas anónimas que ni conozco ni me conocen ni me miran. Una música suena en mi cabeza, quiero llegar para anotarla o grabarla antes de que la olvide o se diluya entre otros sonidos que van entrando procedentes de la calle, trato de integrarlos para que no distraigan mi idea. Al pasar por un bar de desayunos de esos que no tienen puerta, sólo la boca del local abierta a la calle, ha salido un chorro de canción de éxito en forma de dúo que ha estado a punto de borrar de un plumazo lo que llevo en mente pero al fin he podido reconstruirlo aunque ha quedado un poco maltrecho y ya no me suena igual. La calle es inspiradora pero solo tienes tu memoria para ir anotando las melodías o las letras que te van surgiendo, es fácil integrar los sonidos naturales, hasta parece que apoyan y armonizan tus ocurrencias, pero hay melodías pegajosas, como un chicle en la suela del zapato, con las que tropiezas accidentalmente y de las que es difícil desprenderse. Me concentro en mi canción y voy añadiendo una incipiente letra tratando de trenzarla con la melodía pero tengo ya demasiados elementos en estos juegos malabares y sus piezas amenazan con caer al suelo mojado y colarse debajo de algún coche de donde ya no las podré sacar. Acelero el paso para llegar a mi cuarto y escribir o grabar en silencio lo que me ronda en la cabeza; y aunque ahora tengo toda la casa para mí, necesito ese espacio concreto para poder ser independiente de las influencias externas y controlarlas a voluntad. A través de la cortina veo a la gente pasar pero también puedo ignorarles, como puedo ignorar el teléfono que suena o hacer como que no estoy cuando alguien llama a la puerta. En mi cuarto las ideas, incluso las ideas musicales, son libres de campar, sin respeto por la tradición ni por lo que me han dicho que me conviene; surgen y vuelan libremente como polillas que se enroscan alrededor de la bombilla que simultáneamente les atrae y les quema en un equilibrio inestable que a veces termina mal. Algunas de ellas las recojo y las ordeno o mezclo varias y surgen así otras distintas, hibridas, mestizas del cerebro y el corazón, y como si ya tuvieran vida propia me dicen cosas que apenas entiendo y así voy buscando palabras que se parezcan a lo que quieren decir. No tengo certezas pero aquí no me preocupo ni siquiera de buscarlas, más bien las eludo, me regodeo en la duda y en la vacilación y con ellas llego a mundos donde no se habla mi idioma pero en ellos casualmente entiendo mejor lo que me rondaba en la calle y consigo llevarlo forzadamente al papel.


* Movimiento y cambio son la esencia de nuestro ser; la rigidez es la muerte; el conformismo es la muerte. Dejadnos decir lo que viene a nuestras mentes, repetirnos, contradecirnos, proferir el más salvaje sinsentido, y seguir las más fantásticas ocurrencias sin preocuparnos por lo que el mundo haga o piense o diga. Virginia Woolf

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